Hace unas semanas se ha conocido públicamente la decisión de un grupo de colaboradores del Semanario El Siglo de iniciar una huelga por encontrarse en conflicto con los dueños de este medio de comunicación.
Para entender las distintas dimensiones de este conflicto debemos tener claros dos elementos: la propiedad del diario y la calidad de sus colaboradores.
En primer lugar, el semanario El Siglo es la voz de los trabajadores y lo ha sido por más de 60 años, soportando en varias oportunidades a lo largo de su historia, tener que circular en condiciones adversas como la clandestinidad y persecución.
El Siglo se sustenta con las escasas ventas que de este medio se hacen. El Siglo no es parte de un gran consorcio de comunicaciones, ni es de propiedad de grandes mercaderes. Mucho menos es un gran productor de dinero, ya que por el contrario, significa un gran costo mantenerlo, pero se sigue haciendo ya que en una sociedad mediatizada y con gran concentración de la información como en la que vivimos, El Siglo se transforma en una herramienta de lucha trascendental en pos de las causas de los trabajadores y trabajadoras de todo Chile.
Si bien El Siglo pertenece a nuestro Partido, su propiedad última es de todos los trabajadores de Chile, pues en sus páginas se defienden sus causas y se busca informar de todo lo que a la clase obrera y proletaria le atañe y que los demás medios de comunicación masivos callan.
En segundo término, quienes trabajan o han trabajado en El Siglo, históricamente lo han hecho recibiendo pequeños aportes monetarios que les sirven de ayuda a sus ingresos e incluso hay quienes lo han hecho de manera voluntaria, con la única recompensa de ser parte de un proyecto importante y necesario para la construcción de una sociedad más justa y democrática. Gladys fue una activa voluntaria de El Siglo y en no pocas ocasiones se la vio en la calle vendiendo ejemplares del diario de los trabajadores.
Se entiende la necesidad de todos de sustentarse a través de su trabajo y por eso se hacen todos los intentos de mejorar las condiciones de quienes colaboran en los medios revolucionarios, al mismo tiempo que quienes aceptan trabajar en estos lo hacen por su conciencia y convicción, asumiendo este trabajo no solo como parte del quehacer profesional, sino como una responsabilidad política y revolucionaria.
Teniendo claros estos dos elementos, es que vemos con tristeza y asombro que quienes fueron convocados a ser parte de este proyecto por su convicción y conciencia de clase, se enfrenten ahora contra el partido de los trabajadores y atentan contra la producción de su principal herramienta de comunicaciones, El Siglo.
No podemos compartir los motivos de este conflicto atendiendo a dos razones: la económica y la política. En primer lugar, si bien reconocemos la necesidad de tener mejores remuneraciones para cualquier trabajador y la justeza de estas exigencias, rechazamos que estas demandas se hagan a una empresa que está en quiebra y que se mantiene sólo por razones políticas, razones que quienes son parte de esta huelga dicen haber compartido por años. Si estas mismas exigencias se le hicieran a una empresa que se enriquece en base a la explotación de sus trabajadores, como muchos otros sindicatos lo hacen, por supuesto que no solo apoyaríamos esas demandas, sino que también los acompañaríamos en su lucha. Claramente este no es el caso, pues como se explica anteriormente, El Siglo no es una empresa y, si lo fuera, ya estaría en la más absoluta quiebra.
Y al entender a El Siglo como una empresa sin fines de lucro, es que llegamos a la principal razón de este conflicto: la política. Las diferencias con la línea política central del Partido, ratificada en el último Congreso Nacional de éste, son expresadas por estos supuestos compañeros hace tiempo al interior del diario, lo que se traduce en faltas laborales que en cualquier otro trabajo serían catalogadas como graves y causales de despido. A saber: atraso en las entregas de trabajos, excesivas faltas y retrasos, ausencia laboral, entre otras situaciones. Si estos problemas laborales -que tienen un claro trasfondo político detrás- no se sucedieran tan a menudo como se han ido sucediendo, es más que probable que los trabajadores de Chile podrían tener en sus manos un periódico mucho mejor que el que actualmente se tiene, tanto en los contenidos como en su diseño.
Varios meses de conversaciones se han llevado por parte de la dirección del diario y algunos de sus colaboradores, los que han decidido llevar esta situación política interna al ámbito público, a través de numerosos correos electrónicos, declaraciones públicas y otras formas de desprestigiar al Partido y con esto a toda su militancia.
Como Juventudes Comunistas rechazamos los intentos de destruir uno de los medios de comunicación más importantes en la historia de nuestro país y la más destacada herramienta de educación e información de los trabajadores de Chile. Hacemos un llamado a los jóvenes concientes y revolucionarios a defender este medio de quienes intentan terminar con su tradición a favor de las luchas de la clase obrera; vendiéndolo en plazas públicas y ferias libres, en universidades y liceos, en Juntas de Vecinos y Clubes Deportivos.
Convocamos también a los jóvenes comunistas a comprar El Siglo, a leerlo y analizarlo, a utilizarlo en su labor partidaria y de masas, para que en definitiva siga cumpliendo el rol histórico que ha tenido. Muchos nos formamos al alero de este semanario, por lo que su defensa se transforma en una tarea ineludible.
JUVENTUDES COMUNISTAS DE CHILE
1 comentario:
lamentable
lo que ocurrió
el siglo es una herramienta riquísima, e imprescindible no sólo para nosotros los comunistas sino para todos quienes quiran acceder a otra información , distinta a la banalidad de la prensa derechista.
vida próspera para el el siglo
espero no muera nunca
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