Pero no podemos quedarnos en el debate simplista respecto de lo importante que fue su figura, su apostura, de lo relevante que ha sido para las generaciones que lo vieron luchar y aquellas que nos fuimos formando bajo su imagen, que por cierto se ha transformado en uno de los pilares fundamentales de la iconografía revolucionaria, al punto de que ha abierto paso a una comercialización tal, que los más recalcitrantes capitalistas han visto en ésta una forma más de comercio –todo parece indicar que buenos resultados les ha dado-. Es urgente revertir el peligroso camino de la idealización del Che. Al decir de Viglietti “…nuestro deber es defenderte de ser Dios”. Vale la pregunta entonces ¿Sigue vigente el Che?, ¿Es vigente su pensamiento?
La construcción del nuevo gobierno para nuestro país, en la perspectiva de la construcción de la nueva sociedad, encuentra en el Che un manantial interminable de ideas y soluciones para dicha construcción. Más aún si damos cuenta que han sido comprobadas por la práctica misma que él impulsó en los albores de la revolución cubana. Su aporte es, todavía, bastante desconocido, lo que termina mermando la trascendencia histórica y mundial del mismo.
Che aporta no sólo su trabajo voluntario y su decisión de empuñar las armas en la perspectiva de enfrentar el capitalismo. La humanidad necesita de ideas nuevas, y Che en ello es un gran germen dispuesto a multiplicarse por el mundo entero.
Muchos hoy usan en sus poleras la imagen eterna del guerrillero, otros aprenden de memoria sus frases, algunos llevan bajo el brazo sus diarios expedicionarios, la gran mayoría creyendo que esa acción les hace más revolucionarios, no comprendiendo que ese sólo acto va contra el pensamiento revolucionario de Ernesto Guevara. Y es que asumir al Che no puede ser de otra forma que integralmente. Luchó, es cierto, y lo hizo hasta entregar su vida, no obstante es preciso y urgente indagar sobre sus concepciones, sobre sus aportes.
El Che fue un muy buen aplicador del marxismo-leninismo, pero además aportó en esta línea de pensamiento. Es quien logra, junto a Fidel, el mérito científico de aplicar lo general de la teoría marxista-leninista a lo particular, a la construcción del socialismo a principios de los 60. Su pensamiento se expresa en los métodos de trabajo, en su exigencia, en sus controles, en su espíritu organizativo, en su disciplina conciente, en la creatividad de llevar a la práctica su teorización. Che se dio a la profundización en el estudio de la teoría y a hacer de ella un arma para la construcción práctica de la nueva sociedad. Rompió con el esquematismo y dogmatismo en que incurría parte importante del pensamiento revolucionario y aportó decididamente con nuevos enfoques en las ciencias sociales marxistas y en particular en la economía política del socialismo. Atrás dejó los manuales inquebrantables “del hacer revolución” y abrió brecha para el ingreso de lo nuevo.
Mirado desde esa perspectiva, el Che nos debiera llamar a dejarlo atrás en las formas que él mismo usó para la construcción del socialismo en su tiempo, para que nosotros, en el nuestro, busquemos las formas novedosas para lograr tan ineludible objetivo. Pero, a la vez, esa también es una de las importancias trascendentes del Che, ya que dicho llamado termina dándole la importancia incalculable a su pensamiento y a su obra. El Che entonces es inimitable no sólo por la grandeza de sí mismo, sino, y con mayor razón, por la necesaria obligación de ir construyendo desde lo nuevo, desde lo que nos ha tocado vivir, allí radica si vigencia, en lo “material” de su pensamiento y no, necesariamente, en las revoluciones de café o en la asimilación dogmática de sus discursos.

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